¿Quieres hacerte fuerte?
Salí de casa
cerrando la puerta sin energía, y miré al cemento gris de la calle cubierto de
una capa de nieve. Típico. Bueno Nina, allá vamos, durante el verano había
intentado memorizar el camino para llegar a mi nuevo instituto. No había tenido
otra cosa qué hacer, mudarme, había tenido consecuencias dentro de mis hábitos
y me había vuelto una persona muy fría, ¿pero cómo voy a culpar a mi familia?
Si fui yo quién les pedía un cambio de rodillas. Inauguré la acera con mi
primera pisada, dejaba pequeños charcos de agua y nieve a la vez, no presté
mucha atención a lo que había a mi alrededor. Me miraba a los pies, y notaba
como los calcetines cada vez se mojaban más y más, sólo había edificios
medianamente altos a mi alrededor, me froté las manos en señal de frío y giré
la cabeza, un chico con parte del pecho descubierto y con una cazadora vaquera
me miraba. Era rubio, teñido, y blanco, pálido, su piel se distinguía por poco
con la nieve, tenía las mejillas algo rojas y me miraba quieto, sus pestañas
entrelazadas no me dejaron ver de qué color tenía los ojos, con un leve
movimiento de cabeza me indico que fuese, en ese momento le vi el piercing que
se imponía en una cara virgen, estaba situado en la nariz, zona izquierda.
Saltó de lo que parecía una estructura de hierro y empezó a andar alejándose de
mí. No sé si fue por instinto, pero le seguí.
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