miércoles, 22 de julio de 2015

Página 4.

—Gracias— su voz retumbó en mi cabeza. Era la primera vez que le escuchaba hablar. Se incorporó de la silla y salió del recinto. Técnicamente me había pagado el descafeinado. Recogí el pañuelo de la mesa y lo arrugué en mis manos. Acerqué el vaso y lo removí con desgana. Jugueteé con su moneda en la mesa y me levanté para dejarla en la barra.
—Gracias—repetí su palabra a la camarera y esta vez me sonrió ella.
Salí del bar, estaba desorientada, perdida, tuve que preguntar cuál era el camino para llegar al instituto al primer hombre que vi en la calle.

                                                            *

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