miércoles, 22 de julio de 2015

Página 3.

Entonces no muy convencida y con mucho cuidado me agaché a su altura, y con la mano temblorosa, como el que mete un brazo ensangrentando en una piscina de tiburones abroché uno a uno los  botones de su cazadora. No hizo gesto alguno— Puedes ir a un bar, o una casa— le animé— ¿Quieres algo? ¿Un café? — Nada, como si hablase con una pared. Empezó a desabrocharse la cazadora sin dejar de mirar al frente —Está bien—decidí—Vienes conmigo— No sabía de bares de la zona, pero seguro que había uno por aquí cerca. Le ayudé a levantarse, y deambulamos por las calles hasta encontrar uno. Abrí la puerta y le dejé entrar — ¿Café, descafeinado, cacao? — le miré dudosa y no contestó. Rodé los ojos — Un descafeinado por favor— pedí en la barra y me senté en una de las mesas vacías. El hizo lo mismo y acercó una silla de cuero negro y barrotes de hierro a mí. La chica no tardó en traerlo y le sonreí. Removí con cuidado la cuchara y se lo acerqué —Bebe— le mandé y lo miró para luego captar mi atención con su mirada. Buscó en uno de sus bolsillos y tiró una moneda a la mesa con desgana y sin preocupación de que se cayese al suelo. Se desató el pañuelo de su muñeca y lo dejó al lado del pequeño plato donde reposaba el vaso. Se alejó un poco.

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