miércoles, 22 de julio de 2015

Página 6.

El camino fue difícil y lo que era asfalto pasaba a ser charcos y barro. Un puente de pequeñas dimensionas y poca iluminación se instaló delante de mí. Debajo de este había piedras. Se giró hacía mí de nuevo — ¿Qué escondes? —me preguntó.
— ¿Qué? — dije sin seguirle.
Rio y el eco el puente aplastó mis oídos— ¿Has sentido dolor? — me penetró con la mirada y me toqué ambas sienes.
—Sí, supongo, como todo el mundo—dudé.
— ¿Estás dispuesta a hacerte fuerte? —encendió un cigarrillo y con cada calado se le iluminó la cara.
—Sí— dije en voz baja escuchando como el eco hacía que retumbase de nuevo mis palabras.
— ¿Estás segura? — Le miré confundida y asentí despacio— El pañuelo será como nuestro contrato— explicó— ¿Lo has traído? — Lo saqué despacio del bolsillo y lo puse en su mano— Debes llevarlo en la muñeca, cuando te lo quites, entenderé que lo que quieres es que pare — apretó el nudo y miré mi piel.
—¿Para el qué? — dije frotándome la muñeca.

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